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La
enfermedad periodontal: Una introducción
Con
este nombre genérico se designa a una serie de enfermedades
que afectan al aparato de soporte de los dientes y muelas.
La
más frecuente de este grupo es la llamada enfermedad
periodontal crónica del adulto, vulgarmente conocida
como
"piorrea", la cual provoca la mayoría de
pérdida de piezas dentarias en esta etapa de la vida
si no se trata adecuadamente y en estadíos precoces.
Muchas
personas desdentadas total o parcialmente lo son a causa de
esta enfermedad que se caracteriza por una destrucción
progresiva de los tejidos que rodean las raíces de
los dientes, es decir el ligamento periodontal y el hueso
de los maxilares donde están introducidas las raíces
dentarias. Llega un momento en que la pérdida de hueso
alrededor de las raíces es tal que los
dientes empiezan a moverse y estos al ir quedándose
sin los cimientos acaban por caerse, muchas veces sin dolor
alguno.
Al
ser un proceso que cursa sin dolor (excepto que se complique
con un absceso agudo) el diagnóstico muchas veces se
hace en una exploración rutinaria. Los signos que la
acompañan suelen ser sangrado de encías (la
enfermedad se inicia siempre con una gingivitis que se va
cronificando), mal sabor de boca y mal aliento (halitosis).
En muchas ocasiones el sangrado puede estar enmascarado en
fumadores pues el tabaco disminuye la vascularización
de las encías agravando todavía más el
proceso. Por un lado nos priva de un signo clave como es el
sangrado y por otro al haber menos irrigación hace
que los mecanismos de defensa corporales no actúen
adecuadamente con lo cual el proceso tiende a avanzar más
rápidamente.
La
causa de esta enfermedad es infecciosa, los responsables son
unos gérmenes que hay en la placa bacteriana y en el
sarro dental, estos al ir introduciéndose debajo de
la encía desarrollan un proceso inflamatorio infeccioso
que implica la destrucción de esos tejidos que sostienen
a los dientes. Tiene que haber además un factor
predisponente individual
(genético) que es clave y es lo que nos explica el
que pacientes con muy poco sarro puedan desarrollar una enfermedad
periodontal agresiva y, viceversa, pacientes con mucho sarro
apenas tengan pérdidas óseas en los maxilares.
Es
fundamental la prevención y poder detectar a aquellas
personas que sean susceptibles para poder instaurar los tratamientos
oportunos en estadios iniciales.
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